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Ni español ni creole, dejemos que hable el corazón. PDF Imprimir E-mail
Viernes, 22 de Enero de 2010 18:15

Y el corazón se arriesga cuando se trata del dolor de los miles de niños y niñas que han sido afectados por el terremoto que sacudió a Haití la semana pasada.

Lejos del epicentro, en las oficinas de PlanRD en Azua, ningún miembro del staff pregunta si es necesario ayudar, si es su deber, simplemente corren ante la noticia de que en los hospitales de Azua hay niños y niñas traídos de Haití siendo atendidos por heridas graves. Algunos de ellos han sufrido severos traumas físicos y psicológicos que tardarán mucho tiempo en superar, se sabe que la población infantil es la que más sufre en casos de desastre y hay que estar especialmente atentos a que reciban la protección adecuada y sus derechos no sean violentados.

Los miembros del staff de Plan en Azua, República Dominicana, no pueden ayudar curando con medicinas, pero sí sirviendo de intérpretes, para que el dolor de esos niños y niñas no se pierda en la traducción.

Aquí, ahora, Haití no está lejos.

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