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Miércoles, 16 de Noviembre de 2011 15:56

Hablando desde el corazón Hablando desde el corazón

Nikki van der Gaag habla a un grupo de hombres en República Dominicana.

Nos toma algún tiempo encontrar el lugar correcto y tenemos que detenernos y preguntar a las personas a lo largo del camino. Finalmente nos desviamos de la carretera y unos metros más abajo nos encontramos con una construcción escolar. Los hombres están esperando en un aula y todos nos sentamos en un círculo en pequeñas sillas. Dibujos de los niños y niñas cubren las paredes. El grupo va desde Wilman, el más joven, a Bienvenido, quien podría ser su abuelo.

Estamos aquí para hablar sobre el proyecto de masculinidades en el que han estado participando con Plan República Dominicana. Ellos vienen de diferentes comunidades, así que no se conocen entre sí. Acaban de comenzar a trabajar, pero durante las dos horas siguientes, están abiertos, animados, pensativos – y preocupados. Está claro que este trabajo toca sus corazones.

Primero hablan sobre la razón por la que decidieron participar. Cristóbal, un hombre mayor de camiseta roja, dice:

“Yo me involucré porque, como padre, estuve interesado en las relaciones entre los padres y los hijos”.

Las otras dos motivaciones principales son la preocupación sobre el incremento de los niveles de violencia y abuso en la comunidad, y el embarazo adolescente. Patricio, quien usa una gorra de la Cruz Roja, una camiseta de Plan y una cruz en su cuello, habla sobre la violencia: “cada día veo cómo las mujeres son víctimas de violencia – más verbal que física, pero hay muchos tipos de violencia. En nuestra comunidad, veo casos en que una niña queda embarazada porque ha sido abusada por su hermano, su padre o su padrastro”.

Wilman, el más joven en la sala, tiene una razón muy personal para querer realizar este trabajo: “Estoy aquí para aprender cómo no ser violento con las mujeres porque he visto mucho de eso en mi familia. Muchos hombres golpean a las mujeres si ellas no hacen lo que ellos quieren.”

Todos los hombres dicen que creen que la violencia contra las mujeres está aumentando. Talvez se encuentren en lo correcto; la violencia doméstica en Santo Domingo es el delito más importante, con 15.000 denuncias realizadas a lo largo de los últimos 2 años.

Ellos también están de acuerdo en que esto se debe a que las mujeres están comenzando a desafiar algunas de los supuestos “machistas” que siempre han sido parte de la cultura en República Dominicana.

Manuel explica: “Cuando las mujeres ejercen sus derechos hoy en día, los hombres no están educados con respecto a esos derechos. Por lo tanto, cuando una mujer comienza a exigir sus derechos, los hombres se enojan. Los hombres deben aprender cómo cambiar su forma de pensar”.

Rudio, quien está elegantemente vestido con una camisa de color amarillo pálido, señala que: “Nosotros mismos debemos comprender el origen de la violencia. Podemos ser violentos sin pensar en ello o sin querer serlo – hay cosas que las mujeres hacen que serían normales en una sociedad de igualdad, pero en nuestra sociedad nosotros reaccionamos con violencia. Por ejemplo, una mujer no puede salir de la casa sin pedir permiso al marido. Las mujeres no pueden tomar sus propias decisiones. Incluso yo tomo las decisiones en mi casa.”

Continúa explicando que la migración significa que las mujeres se van al extranjero y aprenden sobre igualdad, pero cuando regresan con nuevas ideas, son golpeadas. Algunos hombres, dice, ni siquiera quieren que las mujeres sean educadas: “Si una niña estudia, algunos hombres se preocupan de que llegue a ser superior a ellos”. Rudio está de acuerdo: “Si hay liberación de las mujeres, eso es un impacto para la realidad de los hombres. Y así es como la violencia empeora”.

Cristóbal dice que todo eso es muy confuso: “Nosotros sabemos que este es el mundo que esperamos y por el que trabajamos. Pero también nos preocupamos si las mujeres son educados y saben que hay una vida mejor, por lo que pudieran dejar a sus maridos”.

Rudio añade: “La mayoría de las mujeres todavía dependen de los hombres por el dinero – si una mujer trabaja ya no necesita el dinero de su esposo…”

Las mujeres en la comunidad de Barreras, en otro lado del país, estarían de acuerdo con él. Cuando Beda, que es una de las 50 mujeres miembro de grupo local de microcrédito, dice, “Me siento muy orgullosa de ser parte de este grupo. Es bueno para una mujer tener su propio dinero”, todas las otras mujeres asienten con entusiasmo.

Ronnie, la secretaria del grupo, dice: “Fue importante organizar un grupo como este porque antes muchas mujeres se quedaban en casa y tenían que esperar que su esposo traiga el dinero, pero ahora ya no tenemos que hacerlo. Ahora tenemos mucha mayor seguridad –las cantidades son pequeñas pero la olla crece. No tenemos que preocuparnos tanto de que ocurra algo…”

Las mujeres de Barreras dicen que no han enfrentado ninguna resistencia por parte de los hombres debido a que con frecuencia están utilizando los préstamos para contribuir al negocio familiar – por ejemplo, para comprar redes de pesca. Ronnie dice: “Nosotras creemos que las relaciones entre los esposos y las esposas también están mejorando – antes, los hombres pensaban que las mujeres debían quedarse en la casa – ahora ya no es tan fácil para los hombres decir “Yo soy el macho””.

De regreso en Azua, Wilman se ríe y dice: “¡Como un hombre joven estoy muy feliz de casarme con una mujer con dinero!”

Es evidente que hay cambios entre las generaciones. Los hombres hablan de su propia infancia y saben que quieren más para sus propios hijos y nietos. Cristóbal dice: “En mi caso, este trabajo me ha ayudado a pensar sobre mi familia – cuando era joven quería formar una familia diferente de la que había nacido. Mis padres nos trataban como animales, teníamos que trabajar y nunca fuimos a la escuela. Yo quise formar una familia diferente pero no sabía cómo, así que con mis “compadres” hemos comenzado a reunirnos e intercambiar ideas. Espero que mis hijos traten a sus hijos de forma diferente.”

Emilio está de acuerdo: “Yo soy un padre. He dado confianza a mis hijos, yo sé que para enseñarles no debo golpearlos. La violencia en el hogar puede causar delincuencia – si un niño ve violencia, entonces será violento.”

Los hombres en la sala dicen que creen en la igualdad, pero no siempre es fácil ponerla en práctica. Ellos saben que nada va a cambiar a menos que los hombres participen, porque son los hombres los que detentan el poder y, en su mayoría, los hombres son los violentos. Rudio dice: “Tenemos una responsabilidad como hombres porque las mujeres son más vulnerables – pero los hombres y las mujeres deben trabajar juntos.

Cada día veo en la televisión casos de hombres que asesinan a mujeres y nunca de mujeres que asesinan a hombres. Las personas como yo que pertenecen a una iglesia o a una comunidad debemos tomar la iniciativa porque este es un problema que va de generación en generación. Es importante trabajar con los hombres para que las mujeres puedan tener igualdad y para proteger a los hijos. Todos los hombres saben esto pero no saben cómo ponerlo en práctica”.

Ellos dicen que es importante trabajar a nivel individual y comunitario, como lo están haciendo, pero también involucrar a las instituciones – por ejemplo, al sistema de justicia, dice Patricio. Manuel cree que los programas tienen que ser más grandes, y también que: “Tenemos que mostrar los beneficios en términos económicos, para la mejor educación de los niños y para construir una sociedad mejor”.

Manuel señala que es importante que los hombres puedan reunirse y hablar sobre estas cosas, y que las mujeres hagan lo mismo, pero también, como señala Freddy: “Que los hombres y mujeres trabajen juntos en estas cosas”.

“Sí”, dice Rudio, “y entonces la familia se convierte en un equipo”.